Aproximadamente 50 millones de personas padecen epilepsia en todo el mundo. Pese a esta importante cifra, son muchos los que desconocen esta afección y las repercusiones que tiene en aquellos que la sufren.


La epilepsia es una enfermedad neurológica originada por la falta de equilibrio en la actividad eléctrica de las células nerviosas. En concreto, tiene lugar un exceso de dicha actividad neuronal. La manifestación de este funcionamiento anómalo se expresa a través de diferentes síntomas.

Por un lado, la persona puede experimentar fuertes convulsiones de manera repetida. Dichas convulsiones se definen como episodios de movimientos involuntarios en los que se contraen los músculos y ocurren en periodos breves de tiempo. Pueden afectar a todo el cuerpo o a una parte específica. En ocasiones, cuando la persona sufre estos episodios, se da una pérdida de consciencia y/o de control de esfínteres. Además, aparecen síntomas motores como los temblores o las sacudidas. Para ser considerado como ataque epiléptico, las convulsiones deben ser recurrentes, si una persona experimenta una única convulsión, no estamos ante un caso de epilepsia.

Por otro lado, también pueden darse episodios de ausencia, en estos casos, las crisis suelen ser más sutiles, e incluso pasar inadvertidas. El individuo puede presentar una falta de conexión parcial o total del medio.

Pese a que a cada persona le afecta de un modo concreto, el sufrimiento de esta enfermedad suele acarrear consecuencias neurobiológicas, cognitivas, físicas y psicológicas.

Los ataques de epilepsia pueden darse a cualquier edad, aunque es más frecuente encontrar casos en los que el primer episodio ha tenido lugar entre los 2 y los 14 años.

Cabe mencionar que este desequilibrio en el cerebro no sólo se da en la especie humana sino que también lo sufren algunos animales, como los perros y los gatos.

Causas

El tipo más frecuente de epilepsia es el conocido como epilepsia idiopática (o también primaria) es decir, la epilepsia en la que se desconocen las causas de aparición. Por otro lado, la epilepsia secundaria es aquella en la que las causas son identificables. Dentro de este último tipo, las causas descritas como las más comunes son las siguientes:

Lesiones cerebrales: Son muchas las causas que pueden provocar daños en el cerebro, por ejemplo, accidentes de coche en los que haya un fuerte impacto en el cráneo, hemorragia cerebral, problemas en el parto, alcoholismo, otro tipo de enfermedades como las cardiovasculares o los tumores, etc.

Enfermedades en otros órganos: Otra de las causas tiene que ver con el curso de la enfermedad en otros órganos como, por ejemplo, del hígado y de los riñones.

Infecciones en el cerebro: Sufrir meningitis o encefalitis también puede originar crisis epilépticas.

Problemas prenatales: Incluso antes del nacimiento, pueden darse complicaciones en el embarazo que afecten al crecimiento del cerebro, contribuyendo esto, en algunos casos, al padecimiento de epilepsia.

Saturnismo: Se ha encontrado una relación directa entre el envenenamiento por plomo y la epilepsia. La absorción del plomo ocurre con mayor facilidad en niños que en adultos, debido a que sus cuerpos son más pequeños.

Reparaciones cerebrales infructuosas: Tras ciertos daños causados en el cerebro, este intenta recuperarse. En algunas ocasiones, el cerebro experimenta fracaso en este intento de recuperación, lo que puede provocar crisis epilépticas.

Malformaciones congénitas: Un ejemplo de este caso sería la malformación arteriovenosa cerebral, en la cual se produce una conexión disfuncional entre las arterias y las venas en el cerebro.

Trastorno metabólico presente al nacer: Fenilcetonuria es un trastorno de este tipo. Se trata de una patología en la cual el recién nacido es incapaz de descomponer apropiadamente un aminoácido llamado fenilalanina.


Repercusiones Neuropsicológicas:


Repercusiones:

  • Trastornos cognitivos: Algunas de las consecuencias más evidentes en las personas que sufren epilepsia son los trastornos de tipo cognitivo. La función cognitiva es aquella que está relacionada con el conocimiento, es decir, con el procesamiento de la información de una manera precisa. Procesos tales como el pensamiento, la atención o la memoria, entre otros, se definen como procesos cognitivos. Dificultades para prestar atención, problemas de memoria, ralentización en algunas tareas en las que el procesamiento de la información es complejo. Estas consecuencias tienen lugar debido a las crisis epilépticas que experimenta la persona, a los efectos colaterales ante el uso de fármacos y, en caso de epilepsia secundaria, pueden deberse a los motivos subyacentes..
  • Trastornos psicológicos: En algunas ocasiones la epilepsia cursa con ciertos trastornos:
–Depresión. Puede tener lugar por diferentes causas entre las que cabe destacar el difícil control de las crisis, es decir, aquellos pacientes a los que el tratamiento no les resulta efectivo. (El porcentaje de casos en los que el tratamiento no resulta efectivo gira en torno al 30%). Por otro lado, el cambio en la calidad de vida del paciente, puede ser vivido con tristeza y apatía. Otro motivo que influye en la aparición de la depresión puede ser el efecto adverso de ciertos fármacos antiepilépticos.

–Ansiedad. Es uno de los trastornos psicológicos que más afecta a las personas que sufren epilepsia. Debido a la impredecibilidad de las crisis epilépticas, es común que las personas experimenten síntomas relacionados con la ansiedad, como tensión física, embotamiento, pensamientos catastrofistas recurrentes, etc.

–Psicosis. El porcentaje de personas que sufre cuadros psicóticos es más reducido que el de aquellos que padece síntomas relacionados con la depresión y/o la ansiedad. Sin embargo, algunas personas experimentan cuadros psicóticos breves. Se debate la influencia de factores etiológicos subyacentes comunes en la epilepsia y la psicosis. Asimismo, también se están explorando los efectos de la medicación , tanto la suscrita para tratar la epilepsia como la suscrita para la psicosis.

  • Consecuencias ante la estigmatización de la epilepsia. En algunos casos, la calidad de vida de la persona puede verse comprometida al experimentar rechazo por parte de otros. La falta de información, en general, de la sociedad, unida al temor que le produce a ciertas personas presenciar las crisis epilépticas promueven actitudes de rechazo hacia las personas afectadas.
  • Deterioro del autoconcepto. La posible sobreprotección dentro del ámbito familiar, sobre todo en los más pequeños, puede ocasionar problemas en la autoestima. Sentimientos de poca valía, dificultades en el desarrollo de la autonomía, carencia de iniciativa, inseguridad, etc.


Abordaje

En cuanto al tratamiento, ha de considerarse la acción directa de los fármacos sobre funciones cerebrales superiores como la capacidad de reacción y respuesta, la atención y concentración. Además y en relación con la gravedad de la epilepsia, las dificultades para el control de las crisis, condicionan la utilización de dosis altas o de politerapia (utilización de más de un fármaco en el tratamiento de una patología) , con mayor repercusión negativa sobre las funciones cerebrales y la calidad de vida del paciente.

Es importante tener en cuenta que el abordaje se haga desde un enfoque multidisciplinar, es decir, que el tratamiento no sólo comprenda las consecuencias neurobiológicas sino también las consecuencias cognitivas y emocionales. Cerca de un 70 % de los casos de personas con epilepsia responden favorablemente al tratamiento, remitiendo en ellas las crisis epilépticas. Es necesario un mayor conocimiento, por parte de la sociedad, de esta afección para poder acabar con la estigmatización y la discriminación hacia las personas que lo sufren.